Homenaje a las mujeres jornaleras de Gilena. 8 de Marzo de 2013, Día Internacional de la Mujer Trabajadora

8demarzo2013Madre, mujer, compañera
niñez sin escuela
pan moreno, postguerra
cartilla de racionamiento
hambre, miseria, pobreza.
Lucha, mujer, jornalera.

Juventud, siega, varas
señoritos a caballo
hostigándolas detrás,
salmorejos a diario.
Entre escansá y escansá
con el morral a la espalda
cosíais el ajuar.
Lucha, mujer, compañera.

Por lo surcos de la vida,
madre ya de muchos hijos,
8 de Marzo 2013al lado del compañero
acudíais a los encierros.
Si a la sierra ahí que subir
a la sierra subiremos
y si nos echan p’atrás
mañana otra vez vendremos,
que trabajar por el pan
es la mayor dignidad,
que la mujer andaluza
no se acobarda de ná
está hecha de otra pasta
está costumbrá a luchar.
Lucha, madre, compañera.

Poesía de la compañera Eva Mª Chía Luna que en el acto se leyó además de la siguiente lectura que narra los hechos y la lucha de estas valientes mujeres, entre ellas su madre.

DÍA DE LA MUJER- 8 DE MARZO DE 2.013

Como todos sabéis hoy 8 de marzo se celebra el día internacional de la mujer trabajadora que se tenía que estar celebrando los 365 días que tiene el año, porque la mujer trabaja todos los días del año, ¿o es qué llevar y realizar las tareas de una casa no son trabajo? Pero bueno algo es algo.

No es nada nuevo decir los desvaríos machistas a los que ha estado sometida la mujer “desde que a Adán le quitaron la costilla para crear a Eva”, que ya hace tiempo de eso, ahí ya empezó todo.

Pero como sería muy largo y complejo de enumerar los abusos que se han cometido y se siguen cometiendo hacia la mujer aun en nuestros días, y no sólo en los países que llamamos subdesarrollados sino en el nuestro propio. La lacra de la violencia de género, por poner un ejemplo, que en realidad es el triste resultado de la revelación de la mujer hacia el hombre. Antes como todos y todas las presentes sabemos el matrimonio era indisoluble, había que aguantar carros y carretas, nadie apoyaba a la mujer. Cuando era maltratada física o psicológicamente todo el mundo hacía oídos sordos, incluso ella misma ocultaba las aberraciones por miedo o vergüenza. “Con la cuchara que has elegido tienes que comer” se le decía y se pasaba la vida comiendo con esa cuchara amarga.

Con respecto al trabajo ídem de lo mismo, sin ir más lejos en los años de la bonanza de la construcción, echaban mano de las mujeres para el campo ¿y qué?, ¿no trabaja una mujer igual que un hombre?, ¿no se recogía la cosecha? o ¿es que se quedaba la aceituna en el campo? Ahora como hay mano de obra masculina, sobran las mujeres. Ya no solo no llevan el sueldo a sus casa, sino que no pueden recoger las peonadas, que esa es otra.

Bueno me voy por las ramas, centrándonos en el homenaje que hoy nos ocupa quiero aportar mis recuerdos de aquella época, porque me coge muy de cerca, ya que mi madre fue una de estas mujeres pioneras.

En los años 70 casi ninguna mujer tenía cartilla agrícola, la tenían sus maridos y ellas junto con sus hijos eran beneficiarias para la asistencia médica. Como para trabajar en el campo, mayormente la aceituna, que era ya la única faena agrícola que prácticamente quedaba después de la modernización de la agricultura no la necesitaban pues no la tenían. Mi abuelo Juan, que era una persona culta y adelantada a su época, le dijo a mi padre: -“Pepe sacale la cartilla a mi hija”- Mi padre argumentaba, que si ya le costaba trabajo cotizar un sello, como iba a pagar dos -“Sácale la cartilla, Que la seguridad social es el capital de los pobres.”- No se me olvidan aquellas palabras.

Es por eso que en el año 1979, cuando empezaron las labores de Empleo Comunitario, a mi madre en concreto y a las demás compañeras les cogió con la cartilla, después se la sacaron muchas más, pero en aquellos momentos había 8 o 9.

Ellas asistían a las asambleas que se convocaban desde el sindicato, desde el SOC, que ha estado ahí siempre. Debemos de tener en cuenta la ignorancia del común de la gente, de que la mayoría de ellas por aquellos entonces no sabían siquiera leer ni escribir. Desde el sindicato les informan y orientan sobre sus derechos y uno de estos era acceder al trabajo en igualdad de condiciones que el hombre, y si el trabajo estaba en los caminos o en la sierra y ellas tenían su cartilla agrícola podían ir a trabajar perfectamente.

Una de estas mujeres fue “La Chiquita”, por aquellos entonces su marido estaba de baja y cobraba una paga muy reducida, tenían que darle de comer a sus 6 hijos, fue al ayuntamiento a pedir trabajo para su mujer, en aquellos años estaba de alcalde el compañero Juan Antonio Morillas, le dijeron que se fuera a la sierra, y así lo hizo, al día siguiente se presento en el tajo.

Pero esto no iba a ser tan fácil, porque el entonces encargado de la forestal y de distribuir el trabajo en la sierra, de repoblarla de pinos, que por cierto este tipo de pino, que se llama Carrasco, no sirve para nada, no da ninguna producción, ningún beneficio al pueblo, ni para madera, ni para resina, ni para leña siquiera. Pero bueno esto no viene al caso, de lo que se trata es que “el tío de los pinos” o “el grajo negro” como se le conocía en Gilena a este hombre que se creía el amo y señor de nuestras sierras, de las sierras del pueblo. Que además era un machista redomado y franquista por añadidura; le dijo a La Chiquita que si no le daba vergüenza estar allí con tantos hombres, ella contesto que trabajar para darle de comer a sus hijos no era vergüenza “-hoy tenemos a una señora”- agrego con retintín- A lo que respondió su hermano José Ovillito “-una señora que tiene derecho a trabajar como los demás-“. El caso es que al final de la faena no le apunto la peonada. Como ella estaba dispuesta a volver al día siguiente, quiso llegar “el tío de los pinos” un acuerdo con el jefe de la Cámara Agraria que era el lugar donde se cobraba el Empleo Comunitario, este señor tampoco quería que las mujeres fueran a la sierra. El acuerdo era que le pagaran el sueldo en su casa a La Chiquita sin ir a trabajar, a lo que ella no accedió, quería ganarse el sueldo con su trabajo, dignamente. Porque lo que en realidad temían era que levantara a las demás que tenían cartilla e igual derecho para poder trabajar.

Así ocurrió en los días posteriores, cuando ”el tío de los pinos” fue a pasar lista y vio a las mujeres que ya era un grupito que rondaba la decena, le dio un ataque de cojones, les dijo que ese trabajo no era para ellas, que se fueran a su casa que es donde tenían que estar, que no les apuntaba el sueldo, se fueron al pueblo, pero al otro día volvieron a subir y las volvió a echar, siguieron subiendo, luchando y exigiendo el trabajo que por derecho les pertenecía y “el tío” siguió acosándolas, insultándolas, las mandaba a hacer hoyos a los tajos más lejos y abruptos a ver si se aburrían, pero ellas no desfallecieron, siguieron duro, demostrando que eran capaces como cualquier hombre de desempeñar ese trabajo.

En honor a los compañeros aunque hoy sea el día de la mujer, habremos de decir que estuvieron apoyándolas siempre, que intentaban aliviarlas en el duro trabajo físico que es hacer hoyos o cavarle los pies a los pinos, ellas no quisieron, no por desagradecidas, sino porque querían ganarse el sueldo con dignidad con el sudor de su frente, pero ellos estaban ahí, lo mismo que el sindicato.

Ahí no queda la cosa, cuando estas mujeres tomaron esa iniciativa fueron criticadas, todavía quedaban en el pueblo algunos caciques que no se resignaban a aceptar que ya no vivíamos bajo una dictadura, que había libertad, democracia, que los trabajadores y trabajadoras tenían derechos, que ya no podían seguir manejando a los jornaleros a su antojo, como habían hecho siempre. Pero les podía la soberbia, por poner un ejemplo, el médico después de atender a una compañera que se había lastimado un pie subiendo la sierra dijo: -” a la primera mujer que fue a los pinos se le tenían que haber secado los pies”- Les llamaban cabras montesas o bandoleras. Incluso las criticaban otras mujeres que luego las siguieron, pero bueno en la vida todas las cosas son así, primero nos escandalizamos con lo novedoso y luego lo secundamos.

Este es mi testimonio en nombre de La Chiquita y de mi madre.

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